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CMI - Visita ecum�nica a El Salvador


From "Sheila Mesa" <[email protected]>
Date 09 Jun 2000 00:58:57

Consejo Mundial de Iglesias
Cr�nica, feat-00-05
Para difusi�n inmediata
9 de junio de 2000

Tras diez a�os de guerra - �un decenio para superar la violencia?
Visita ecum�nica a El Salvador

Charles Harper

En este domingo 19 de marzo, el ambiente es de fiesta en la plaza de la Catedral de San Salvador. La gente se pasea mirando la exposici�n de fotograf�as de Monse�or Oscar Arnulfo Romero, el venerado arzobispo de la ciudad, asesinado el 24 de marzo de 1980.

Organizada por estudiantes de bellas artes, la exposici�n inicia una semana de conmemoraci�n del martirio de "San Romero de Am�rica". A la exposici�n suceder�n marchas, conferencias, conciertos y celebraciones lit�rgicas como homenaje popular a este gran hombre y a su don prof�tico a la naci�n.

En este marco tambi�n se evocar� el doloroso recuerdo del conflicto civil armado y de la violenta represi�n que desgarraron El Salvador hace veinte a�os. En la acera, entre caballetes, en un cartel de cart�n con una inscripci�n a mano, rodeado de instrumentos y s�mbolos de violencia -un rev�lver, un zapato de ni�o destrozado, una respuesta negativa a una solicitud de empleo, una camisa ensangrentada, una calabaza ind�gena rota- se lee: "Practicar y construir una cultura de no violencia: rechazar la violencia en todas sus formas - f�sica, sexual, psicol�gica, econ�mica, social".

Esta exposici�n sobre la violencia es sorprendente no s�lo por su mensaje, sino tambi�n porque expresa una nueva realidad: casi diez a�os despu�s de que se firmaran los Acuerdos de Paz entre el Gobierno y el Frente Farabundo Mart� para la Liberaci�n Nacional (FMLN), la violencia contin�a omnipresente en El Salvador...

Los a�os de guerra fueron terribles para la poblaci�n, especialmente a partir de 1979. Se calcula que murieron 80.000 personas, entre combatientes y civiles. Y aproximadamente 600.000 fueron obligadas a dejar sus hogares y sus poblados. Un n�mero igual de personas tuvo que emprender el camino del exilio. Las fuerzas a�reas y terrestres salvadore�as, as� como las unidades paramilitares aterrorizaron a la poblaci�n, perpetrando horribles matanzas y bombardeos indiscriminados de casas y comunidades en zonas rurales. La tortura y las desapariciones forzosas eran una pr�ctica corriente, as� como los actos de sabotaje en las zonas urbanas y la colocaci�n de minas en las carreteras.

Nadie ha olvidado el asesinato de los seis padres jesuitas, junto a su gobernanta y su hija, que, a primeras horas de la ma�ana del 16 de noviembre de 1989, fueron arrancados de su sue�o en la Universidad Centroamericana y ejecutados a quemarropa por soldados bajo las �rdenes del Coronel Alfredo Benavides. Durante toda esta semana de conmemoraci�n, se recordaron con reconocimiento sus nombres y los nombres de otros m�rtires contempor�neos de El Salvador y de todo el mundo - Mauricio L�pez, Mar�a Cristina G�mez, Emilio Zelaya, Marianella Garc�a Villa, Martin Luther King, Ita Ford y las hermanas de Maryknoll, Steve Biko, Dietrich Bonhoeffer. 

Nueva Violencia

El pueblo salvadore�o se ve enfrentado actualmente con nuevas formas de violencia en la familia y en la sociedad. La lista es larga: recrudecimiento de la delincuencia, exacerbada por la drogadicci�n y el tr�fico de drogas; desempleo y subempleo; floreciente comercio de armas peque�as; desintegraci�n de la familia; violencia en el hogar y abuso sexual, sobre todo contra las mujeres; aumento de los casos de violaci�n; explotaci�n de los ni�os; falta de protecci�n para los j�venes; deterioro de las normas sanitarias y del acceso a la atenci�n m�dica; privatizaci�n y debilitamiento del sistema de educaci�n; aumento del �ndice de analfabetismo; clara p�rdida de los valores tradicionales y �ticos; persistente impunidad de los torturadores identificados y de otros autores de cr�menes de lesa humanidad durante la guerra civil; aumento del conservadurismo religioso que tiende a ignorar los problemas sociales; crecimiento urbano desordenado, que s�lo busca el beneficio, y tiene como consecuencia la superpoblaci�n; grave deterioro del medio ambiente; corrupci�n entre los funcionarios gubernamentales y descontento con la "clase pol�tica".

Esta "nueva violencia" tiene dos causas principales. Por un lado, es una terrible secuela de una guerra civil y una represi�n brutales. El sorprendente n�mero de guardias privados -ex soldados o combatientes del FMLN en paro, contratados para proteger casas, negocios o f�bricas- es una prueba de ello... as� como de la escasez de empleos. Menos visibles pero igualmente numerosas son las familias en todas las partes de El Salvador que se debaten con la angustia provocada por la p�rdida de seres queridos, de la vida y de la esperanza.

La otra causa importante es la lucha hist�rica de los campesinos salvadore�os por la tierra - un conflicto tit�nico, que comenz� en 1982, entre terratenientes e industriales y amplios sectores de la poblaci�n rural y urbana. Este conflicto a�n no se ha zanjado.

Los acuerdos de 1992 sobre la redistribuci�n de la tierra, patrocinados por las Naciones Unidas, a�n no se han aplicado. Y siguen prevaleciendo las desigualdades y la injusticia socioecon�micas. La pobreza est� en aumento. El desempleo es cada vez mayor y muchos hombres emigran a M�xico o a los Estados Unidos en busca de trabajo. En 1999, aportaron aproximadamente el 16 por ciento del PIB del pa�s.

Los inesperados resultados de las recientes elecciones legislativas y municipales han alimentado las esperanzas de que un equilibrio de poder entre el partido en el gobierno ARENA y la oposici�n del FMLN permita garantizar -al fin- una cierta justicia socioecon�mica para el pueblo salvadore�o.

Las iglesias hacen frente a la situaci�n

El an�lisis por parte de los dirigentes de las iglesias salvadore�as acerca de las tensiones pol�ticas, econ�micas y sociales que siguieron a la guerra en el pa�s pone en evidencia su determinaci�n de trabajar con otros grupos de la sociedad salvadore�a para ayudar a encontrar una soluci�n.

Algunos grupos peque�os de la iglesia y basados en la comunidad, como el S�nodo Luterano Salvadore�o con sus programas destinados a las comunidades de personas desplazadas y de refugiados que regresan al pa�s, y la joven Federaci�n Bautista de El Salvador (FEBES), entre otros, han comenzado a informar acerca del grave problema de la violencia en la sociedad salvadore�a para sensibilizar a la opini�n. No cabe duda de que sus trabajos ayudan a comprender el problema y a movilizar a la gente para participar en campa�as y reflexionar sobre la manera de vencer la violencia. 

Fraterpraz, un proyecto de dos grupos ecum�nicos comprometidos en la promoci�n social y la defensa de grupos perseguidos, marginados y vulnerables, patrocina talleres para comunidades rurales y parroquias locales sobre temas como la violencia en la familia, y los instrumentos jur�dicos nacionales e internacionales de protecci�n de las mujeres contra la violencia en el hogar, las mujeres y la salud mental, as� como las bases b�blicas de la promoci�n de los derechos de las mujeres.

Alfalit, red ecum�nica regional de alfabetizaci�n, ha comenzado un programa de reflexi�n y de formaci�n de l�deres en cuestiones de violencia en el contexto de la marginaci�n, la delincuencia, la salud, el h�bitat y el medio ambiente. En colaboraci�n con el Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI), esta red se encarga de aplicar un m�todo de alfabetizaci�n experimental y de organizar talleres para promover una cultura de noviolencia y paz en Am�rica Central.

Ik Kema, centro ecum�nico de formaci�n para la soluci�n de los conflictos en comunidades rurales y urbanas, se inspira en formas tradicionales ind�genas de resolver los conflictos, as� como en textos b�blicos acerca de la justicia y la solidaridad. Aborda diversos problemas, desde la necesidad de que las personas puedan expresar, determinar y superar las secuelas personales de la guerra y de la represi�n, hasta la mediaci�n en un conflicto entre los habitantes de un poblado sobre el acceso al agua dulce. Se encarga tambi�n de la formaci�n de asesores de paz, que se ocupan de determinar las causas de los conflictos y de mediar en su soluci�n. Su metodolog�a, basada en la confrontaci�n honesta, la apertura emocional, la
curaci�n, el di�logo y la mediaci�n en el marco de comunidades tradicionales, es muy innovadora. Ik Kema colabora estrechamente con otras organizaciones no gubernamentales, as� como con el defensor de los derechos humanos, vinculado con el Gobierno (el Procurador) especialmente en los casos en los que aparentemente hay conflicto entre el derecho y los valores culturales.

Los grupos que participan en estas iniciativas est�n muy interesados en el Decenio para Superar la Violencia (2001-2010), propuesto por las iglesias con ocasi�n de la Octava Asamblea del CMI. Desean dar a conocer sus conclusiones, acciones y aspiraciones durante los pr�ximos meses, al establecer una relaci�n entre su trabajo y el marco m�s amplio que representa el Decenio. 

... En la plaza, un grupo de j�venes se prepara a entrar en la Catedral para participar en una misa de la juventud con la que se iniciar� la semana de homenaje a Monse�or Romero. Agitan ramas de palmera de diferentes colores creadas en Panchimalzo en el interior de El Salvador. Dos mujeres j�venes -Raquel e Irma- me cuentan que, en la tradici�n ind�gena de su poblado, estas ramas de palmera forman parte de un antiguo ritual maya con el que se celebraba el comienzo de la estaci�n de la siembra. Toda la comunidad ora para que haya una buena cosecha que les garantice su supervivencia y su bienestar.

Una semana m�s tarde, de pie junto con amigos en el atestado parking de la Universidad Centroamericana Jesuita (UCA) para asistir a un concierto al aire libre de m�sica popular -�ltimo acto de conmemoraci�n para celebrar la vida de Monse�or Romero- pienso en que la verdadera esperanza de El Salvador reconciliado y justo se encuentra en las prioridades de la nueva generaci�n, de los j�venes representados por Irma y Raquel, como sobrevivientes del crisol de dolor ancestral y nuevos herederos de sus dilatadas aspiraciones.

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Charles Harper (Estados Unidos/Brasil) fue secretario de la Oficina de Derechos Humanos para Am�rica Latina (HRROLA) de 1974 a 1990. Estuvo encargado de la publicaci�n del libro Impunidad: una perspectiva �tica, basado en seis estudios de casos de Am�rica Latina, incluido El Salvador (Ediciones Trilce, Montevideo, 1996). Harper asisti� al funeral de Monse�or Romero en 1980 como representante del CMI, pero no pudo leer el mensaje del Secretario General del CMI, debido a que el servicio fue interrumpido por explosiones y tiros que ocasionaron la muerte de 40 personas.

Los delegados de las iglesias en la Octava Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias proclamaron un Decenio para Superar la Violencia: las iglesias en busca de reconciliaci�n y paz (2001-2010), y reconocieron que la violencia es un hecho corriente en todas las respectivas situaciones. Decidieron trabajar juntos durante diez a�os en un esfuerzo concertado para superar la violencia y construir la paz, esperando poder aportar una contribuci�n a las familias, a las comunidades locales, a las naciones y a todo el mundo.

Las fotograf�as sobre la visita a El Salvador est�n disponibles en
http://wcc-coe.org/photo/countries/countries.html/
o pueden solicitarse por tel�fono al n�mero: (+41.22) 791.62.95

Para m�s informaci�n p�nganse en contacto con la Oficina de relaciones con los medios de informaci�n,  tel:  (+41.22) 791.61.53

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El Consejo Mundial de Iglesias (CMI) es una comunidad de 337 iglesias, procedentes de m�s de 100 pa�ses de todos los continentes y de la mayor parte de las tradiciones cristianas. La Iglesia Cat�lica Romana no es una iglesia miembro pero mantiene relaciones de cooperaci�n con el CMI. El �rgano rector supremo es la Asamblea, que se re�ne aproximadamente cada siete a�os. El CMI se constituy� oficialmente en 1948 en Amsterdam (Pa�ses Bajos). Al frente del personal del CMI est� su Secretario General, Konrad Raiser, de la Iglesia Evang�lica de Alemania.

Consejo Mundial de Iglesias 
Oficina de Relaciones con los Medios de Informaci�n
Tel: (41 22) 791 6153 / 791 6421
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