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COE -- Orar y obrar juntos por la unidad: Reflexiones sobre una fecha com�n para la celebraci�n de la Pascua
From
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Date
09 Apr 2001 05:18:48
Consejo Mundial de Iglesias
Cr�nica
Para difusi�n inmediata
9 de abril de 2001
Orar y obrar juntos por la unidad:
Reflexiones sobre una fecha com�n para la celebraci�n de la Pascua
Este a�o, los cristianos del Este y del Oeste celebran Pascua/Pascha el mismo d�a, 15 de abril: es un hermoso presente en los comienzos del nuevo milenio para todos los cristianos y las cristianas del mundo.
Si los cristianos del Este y del Oeste est�n unidos en su creencia en la resurrecci�n, �por qu� raz�n celebran Pascua en fechas diferentes? Esa diferencia se debe a que se utilizan dos calendarios para calcular la fecha de Pascua: el calendario gregoriano, del siglo XVI, utilizado principalmente por las iglesias de occidente y el calendario juliano, mucho m�s antiguo, utilizado por la mayor�a de las iglesias ortodoxas. Actualmente, el calendario juliano tiene 13 d�as de diferencia respecto del calendario gregoriano; en 2100, la diferencia ser� de 14 d�as.
Esa diferencia se vive como una experiencia muy dolorosa, especialmente en las regiones donde conviven los cristianos de las tradiciones orientales y occidentales que, en muchos casos, constituyen una minor�a, como por ejemplo en el Oriente Medio.
Un hito en los esfuerzos para establecer una fecha com�n de la Pascua fue la consulta de Alepo (Siria), en marzo de 1997, organizada conjuntamente por el CMI y el Consejo de Iglesias del Oriente Medio. En esa consulta, se dio un paso adelante muy importante al reconocerse que las diferencias en el c�lculo de la fecha de Pascua no se deb�an a divergencias teol�gicas fundamentales.
La consulta formul� la recomendaci�n de que deber�a seguirse el m�todo de c�lculo reconocido por las iglesias de oriente y de occidente, establecido por el Concilio de Nicea el a�o 325. De conformidad con este principio, la fiesta de Pascua se fija el domingo que sigue al primer plenilunio de primavera. Los participantes en la consulta recomendaron asimismo que se calcule el equinoccio de primavera "por los medios cient�ficos m�s exactos posibles". Para ello, se tomar�a como base de c�lculo "el meridiano de Jerusal�n, lugar de la muerte y la resurrecci�n de Cristo". Sin embargo, esto significa un cambio tanto para oriente como para occidente, puesto que los dos calendarios son inexactos desde el punto de vista astron�mico. Para las iglesias que utilizan el calendario gregoriano, se producir�a un desfase el a�o 2019: siguiendo el c�lculo cient�fico, Pascua caer�a el 24 de marzo, mientras que, seg�n el calendario gregoriano, la fecha se fijar�a el 21 de abril y, seg�n el calenda!
rio juliano, el 28 de abril.
Seg�n la consulta de Alepo, el hecho de que las dos fechas de Pascua coincidieran a comienzos del nuevo milenio, era una oportunidad para continuar e intensificar los esfuerzos a fin de establecer una fecha com�n. "La celebraci�n de la Pascua/Pascha en la misma fecha no deber�a ser una excepci�n, sino la regla". Por ello, se sugiri� que se examinasen, en 2001, las reacciones a la propuesta de Alepo.
�En qu� medida las iglesias han atendido a la propuesta de Alepo? El Equipo de Informaci�n del CMI ha invitado a representantes de las tradiciones ortodoxa y cat�lica romana, as� como a personalidades protestantes, a resumir brevemente sus reflexiones sobre una fecha com�n para Pascua.
La serie comienza con un art�culo de la pastora Dagmar Heller, secretaria ejecutiva de Misi�n y Relaciones Ecum�nicas en Baden del Norte, en la Iglesia Evang�lica de Baden (Alemania). La Rev. Heller era, hasta hace poco, miembro del Equipo de Fe y Constituci�n del CMI, y estaba encargada de la organizaci�n y el seguimiento del proceso de estudio de la cuesti�n de la fecha com�n de Pascua. El metropolitano Bishoy de Damiette de la Iglesia Ortodoxa Copta (Egipto), expone el punto de vista de la tradici�n ortodoxa oriental no calcedonia. Monse�or John A. Radano del Consejo Pontificio para la Promoci�n de la Unidad de los Cristianos se refiere a "las esperanzas de los cat�licos en relaci�n con la fecha com�n para la Pascua". El metropolitano Ambrosio de Oulu habla de la experiencia de una iglesia ortodoxa minoritaria en un pa�s protestante, Finlandia, donde "los ortodoxos y los luteranos han experimentado, ya desde los primeros a�os veinte, el poder de la Resurrecci�n en la fecha !
com�n de Pascua".
Celebrar la Pascua juntos
Dra. Dagmar Heller, Iglesia Evang�lica de Alemania
La Pascua se celebra el primer domingo siguiente al primer plenilunio posterior al equinoccio de marzo. Es �sta una antigua regla que, introducida en el siglo IV, han venido siguiendo todas las iglesias del mundo. Lo que es menos sabido, especialmente en las regiones de mayor�a protestante o cat�lica, es que, dentro del cristianismo, la Pascua se celebra normalmente dos veces, dependiendo de que el calendario que se utilice para determinar la fecha del equinoccio y del primer plenilunio siguiente sea el (antiguo) calendario juliano o el calendario gregoriano.
El hecho de que las dos fechas coincidan en 2001, al principio del nuevo milenio, ha suscitado la esperanza de que �ste pudiera ser el comienzo de una celebraci�n anual com�n de lo que, en todo caso, constituye el acontecimiento central de nuestra fe cristiana. Sin embargo, al mismo tiempo, y pese a que ya existen abundantes antecedentes sobre la cuesti�n e incluso una propuesta de soluci�n, los debates que recientemente han tenido lugar en el Movimiento Ecum�nico ponen claramente de relieve que no es probable que en un futuro pr�ximo se adopte una decisi�n al respecto.
La propuesta tiene la ventaja de que supone un cambio para ambas partes, y no impone a una la soluci�n de la otra. En ella se sugiere, en efecto, que, para calcular las fechas del equinoccio de primavera y del plenilunio, las iglesias no utilicen ni el calendario juliano ni el gregoriano, sino que aprovechen los datos astron�micos exactos que pueden obtenerse ahora, en contraste con la �poca en que se inventaron los dos calendarios citados. El problema de esta propuesta reside en que representa un cambio mayor para las iglesias que utilizan el calendario juliano que para las dem�s, por cuanto el calendario gregoriano est� ya mucho m�s pr�ximo a los actuales c�lculos astron�micos.
Todo cambio plantea problemas pr�cticos. Pero lo que es m�s importante es que, para algunos ortodoxos, el calendario est� tan estrechamente relacionado con la tradici�n, que los cambios son pr�cticamente impensables. Y en el trasfondo se aprecia tambi�n el profundo trauma del Este, provocado por algunas actitudes del Oeste, que, a lo largo de toda la historia, han ido dando lugar en el Este a una suspicacia antioccidental profundamente arraigada. Aunque la propuesta se hizo por primera vez en una reuni�n panortodoxa, el hecho de que para las iglesias occidentales no supusiera sino peque�os cambios da la impresi�n, a primera vista, de que supone la adopci�n del calendario gregoriano. Y las iglesias ortodoxas han puesto claramente de relieve que necesitar�an mucho m�s tiempo para preparar a sus fieles.
Cabe decir, por lo tanto, que, aunque la cuesti�n de la fecha de la Pascua es puramente pr�ctica, parece que la situaci�n actual de algunas iglesias no permite por ahora un cambio, sin riesgo de cisma.
Se necesita, pues, mucha paciencia por parte de todos los participantes en el debate. Pero a m� me parece que los pr�ximos veinte a�os ofrecen una oportunidad especial para seguir avanzando a este respecto, ya que durante ese per�odo la coincidencia de las dos fechas volver� a darse en varias ocasiones (en 2004, 2007, 2010, 2011, 2014 y 2017). �No podr�a eso interpretarse como un signo para que las iglesias vean en tal coincidencia un "kairos" que las anime a adoptar una fecha com�n? Y si la propuesta que hemos expuesto no puede ponerse en pr�ctica, �no podr�amos encontrar soluciones regionales? �O convencer a las iglesias occidentales para que, en aras de la unidad y siguiendo la sugerencia de un grupo austr�aco, adopten para la Pascua la fecha juliana?
En todo caso, son muchas las iglesias, especialmente de tradici�n occidental, pero tambi�n una de las ortodoxas orientales, que se han manifestado dispuestas a seguir la mencionada propuesta si todas las dem�s iglesias pueden aceptarla. En este sentido, las iglesias occidentales han dado un paso hacia las ortodoxas al acceder a mantener la antigua norma, mientras que, en discusiones anteriores, hab�an tendido a proponer una tercera v�a (�que significar�a de hecho una tercera fecha!), sugiriendo que se fijara la fecha de Pascua un domingo de abril, siempre el mismo.
Esto demuestra que las actitudes pueden cambiar y que las iglesias pueden tratar de acercar sus respectivas posiciones. Por lo tanto, el debate sobre la fecha de la Pascua debe continuar, y siempre con la esperanza de llegar a una soluci�n.
El hecho de que la Pascua se celebre este a�o el mismo d�a ha suscitado cierto inter�s en las iglesias occidentales, al menos por lo que yo he podido apreciar en mi propio contexto alem�n. El Consejo Nacional de Iglesias de Alemania (ACK) ha propuesto un servicio ecum�nico de v�speras para la Pascua. Y muchas iglesias instan a sus congregaciones a que destaquen de una forma o de otra ese acontecimiento. Es �ste un signo alentador que muestra que las gentes han comprendido lo importante que es que los cristianos celebren juntos su fiesta central y den de ese modo al mundo un testimonio fidedigno, especialmente en �pocas en que los cristianos se encuentran cada vez m�s en situaci�n de minor�a o en contextos secularizados.
Oremos y obremos juntos por una fecha com�n de la Pascua, que nos acerque al imperativo de la unidad de los cristianos
Obispo Metropolitano de Damiette, Iglesia Ortodoxa Copta
En estos comienzos del tercer milenio del nacimiento de Nuestro Se�or Jesucristo, en este a�o 2001 de la era cristiana, todas las tradiciones cristianas - ortodoxa y ortodoxa oriental, cat�lica romana y protestante - celebrar�n al mismo tiempo la Pascua.
Dado que Jesucristo es el camino, la verdad y la vida, �l es el centro de la unidad de la Iglesia.
Ya en el siglo IV de nuestra era las iglesias oraban y obraban para llegar a la adopci�n de una fecha com�n para la celebraci�n de la Pascua. Sin embargo, al mismo tiempo, se produc�an divisiones a causa de las diferencias de opini�n sobre la divinidad de Nuestro Se�or Jesucristo y sobre su consustancialidad con el Padre. Y en aquella ocasi�n decisiva se adopt�, en el primer concilio ecum�nico, el Credo de Nicea, en el que se confesaba que Jesucristo es homo-ousion con el Padre, es decir, de la misma esencia que �l, consustancial y coeterno con �l. Y fue en ese mismo Concilio de Nicea donde, adem�s de adoptarse el com�n Credo cristiano, se fij� una fecha tambi�n com�n para la Pascua, y se encarg� a la Iglesia de Alejandr�a que determinara cada a�o, con arreglo a criterios convenidos, esa fecha com�n y que la comunicara a todas las iglesias del mundo.
Tanto hist�rica como teol�gicamente podemos decir que la persona del Verbo de Dios encarnado es la causa de la unidad de la Iglesia. El Dios resucitado es siempre fuente de inspiraci�n y de renovaci�n en nuestras vidas.
Cuando ya se aproximaba su Pasi�n, nuestro Salvador dijo a sus disc�pulos: "La hora viene, y ha venido ya, en que ser�is esparcidos cada uno por su lado, y me dejar�is solo, pero no estoy solo, puesto que el Padre est� conmigo" (Jn 16:32). "Tambi�n vosotros ahora ten�is tristeza, pero os volver� a ver, y se gozar� vuestro coraz�n, y nadie os quitar� vuestro gozo" (Jn 16:22).
Los disc�pulos desperdigados estaban de nuevo reunidos en torno al Se�or resucitado, en aquel d�a de Pascua en que se les apareci� como est� escrito: "Cuando lleg� la noche de aquel mismo d�a, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los disc�pulos estaban reunido por miedo de los jud�os, lleg� Jes�s y, puesto en medio, les dijo: "�Paz a vosotros!". Dicho esto, les mostr� las manos y el costado. Y los disc�pulos se regocijaron viendo al Se�or" (Jn 20: 19-20).
Es evidente que la resurrecci�n del Se�or produjo un cambio radical en la vida de sus disc�pulos. El Se�or resucitado es la fuente de energ�a, de alegr�a, de paz y de unidad de la Iglesia. Todo lo que nosotros necesitamos es estar unidos con �l en la santa vida de la victoria sobre el pecado.
Todo lo que necesitamos es olvidarnos de nosotros mismos y ver al Se�or resucitado, que brilla con su divina gloria e ilumina nuestros pensamientos y nuestros corazones.
Todo lo que necesitamos es aceptar su divino amor para amarnos unos a otros y para estar unidos en �l.
Y es la vida de santificaci�n la que nos reunir� a todos, de modo que podamos alegrarnos y confesar todos juntos nuestra fe, que es una, santa y apost�lica.
Celebrar juntos la redenci�n en Cristo: Eperanzas de los cat�licos en relaci�n con una fecha com�n para la Pascua
Monse�or John A. Radano, Consejo Pontificio para la Promoci�n de la Unidad de los Cristianos
En este a�o 2001, los cristianos del Este y del Oeste celebramos el mismo d�a, excepcionalmente, la fiesta de la Pascua. Lamentablemente, es una excepci�n que nos recuerda que los cristianos est�n divididos en muchas cuestiones, incluso en esta de la fecha de la celebraci�n de este misterio central de nuestra fe.
Los cristianos han venido esforz�ndose desde los primeros tiempos por establecer una fecha com�n para la celebraci�n de la Pascua, cuesti�n que volvi� a suscitarse en el siglo XX, y especialmente durante los tres �ltimos decenios. Las esperanzas cristianas de establecimiento de una fecha com�n dimanan sobre todo de preocupaciones teol�gicas. Seg�n una consulta organizada por el Consejo Mundial de Iglesias en 1970, una fecha com�n "eliminar�a un obst�culo que se interpone a la unidad de los cristianos y establecer�a un nuevo marco para el testimonio en el mundo del Se�or Resucitado" (The Ecumenical Review, abril de 1971, 177).
Es sobre todo desde el Concilio Vaticano II cuando la Iglesia Cat�lica ha manifestado un profundo inter�s por el establecimiento de una fecha com�n para la Pascua. El Concilio apoy� la b�squeda de una fecha fija, siempre y cuando se llegara a un acuerdo ecum�nico sobre la cuesti�n (V�ase el ap�ndice de la Constituci�n sobre la Sagrada Liturgia, 1963). Y, en espera de que as� fuera, en el Decreto sobre las Iglesias Orientales Cat�licas se encarg�, como soluci�n provisional, a los Patriarcas o a las supremas autoridades eclesi�sticas locales que consultaran con todos los interesados a fin de tratar de llegar a un acuerdo un�nime, para celebrar la Pascua en un mismo domingo.
Despu�s del Vaticano II esta esperanza se reflej� en la correspondencia entre el Papa Pablo VI y el Patriarcado Ecum�nico, as� como en el Grupo Mixto de Trabajo de la Iglesia Cat�lica y el CMI. La carta del Papa al Patriarca Ecum�nico Dimitrios I, de 26 de marzo de 1975, indica el prop�sito evang�lico de esa b�squeda de una fecha com�n:
El mundo en que vivimos tiene quiz�s m�s necesidad que nunca de que nosotros demos testimonio... de nuestra fe en la resurrecci�n de Jesucristo Nuestro Se�or. Adem�s, su resurrecci�n es el fundamento de nuestra fe - de esa fe que muchos cuestionan. �No escribi� acaso San Pablo que si Cristo no resucit�, vana es nuestra fe (1Co15:14)? Movidos por esta convicci�n y confiando en el poder de Cristo Resucitado y de su Esp�ritu, nosotros manifestamos nuestra esperanza de que, celebrando el misterio de los misterios con un solo coraz�n y una sola voz, podamos tributar gloria a Dios, el Padre de Nuestro Se�or Jesucristo, a quien resucit� de entre los muertos (Ro16:6; Col 2:12).
En 1975, la Iglesia Cat�lica formul�, en coordinaci�n con el CMI, una propuesta espec�fica que refleja una sensibilidad particularmente ecum�nica. En nombre del Papa Pablo VI, el Cardenal Willebrands, Presidente del Secretariado (desde 1988 Consejo Pontificio) para la Unidad de los Cristianos, propuso en una carta al Patriarca Dimitrios I (18 de mayo de 1975) y a otros dirigentes ortodoxos, y en cartas de similar contenido enviadas al Secretario General del CMI, Dr. Philip Potter, y a dirigentes de diversos organismos confesionales mundiales, que, a partir de 1977 (a�o en el que todos los cristianos celebrar�an la Pascua el mismo d�a), "la Pascua se celebre siempre el domingo siguiente al segundo s�bado de abril". Y como parte de su preparaci�n para la Asamblea General de 1975 en Nairobi, el CMI tambi�n estuvo recabando la opini�n de sus iglesias miembros sobre la cuesti�n. Como resultado de su encuesta, el CMI lleg� a la conclusi�n de que "de momento, una propuesta espec�fic!
a no conducir�a a la fijaci�n de ninguna fecha que pudiera ser aceptada por todos los cristianos para la celebraci�n com�n de la Pascua". Era evidente, pues, que no cab�a seguir insistiendo entonces sobre la cuesti�n. Y, dado que la Iglesia Cat�lica no quer�a adoptar una decisi�n que creara un nuevo obst�culo para la unidad, su plan no lleg� a aplicarse.
Otra propuesta de establecimiento de una fecha com�n para la celebraci�n de la Pascua fue resultado de una consulta que, copatrocinada por el Consejo Mundial de Iglesias y el Consejo de Iglesias del Oriente Medio, tuvo lugar en Alepo (Siria) en 1997. El plan de Alepo propone una fecha com�n, aunque movible, distinta de la fecha fija sugerida en 1975. El Cardenal Edward Cassidy, entonces Presidente del Consejo Pontificio para la Promoci�n de la Unidad de los Cristianos, manifest� en 1997 su apoyo al estudio de esta propuesta y se mostr� en principio favorable a la misma.
Al igual que Pablo VI, el Papa Juan Pablo II ha apoyado expl�citamente la fijaci�n de una fecha com�n para la celebraci�n de la Pascua. El testimonio que da Juan Pablo II del Evangelio destaca la redenci�n en Cristo, como se refleja en los t�tulos de algunas de sus enc�clicas: Redemptoris hominis (1979), Redemptoris Mater (1987) y Redemptoris Missio (1990). Para �l la celebraci�n de la Redenci�n tiene consecuencias para el ecumenismo, por cuanto "vamos m�s all� de los malentendidos hist�ricos y de las controversias de car�cter contingente, para encontrarnos unos con otros en el terreno com�n de nuestro ser de cristianos, es decir, redimidos. La Redenci�n nos une a todos nosotros en el �nico amor de Cristo, crucificado y resucitado" (23 de diciembre de 1982).
El Papa ha tratado de fomentar el testimonio com�n de los misterios redentores de Cristo, crucificado y resucitado. As� pues, desde 1994, Juan Pablo ha invitado en varias ocasiones a los dirigentes ortodoxos o protestantes a escribir meditaciones para el Via Crucis que �l mismo dirige el Viernes Santo de cada a�o en el Coliseo de Roma. Y recientemente, haciendo notar que en 2001 todos los cristianos celebrar�an la resurrecci�n de Cristo en la misma fecha, manifest� la esperanza de que "esto nos aliente a llegar a un acuerdo sobre una fecha com�n para esta fiesta" (Homil�a de 25 de enero de 2001).
Celebrar todos la Pascua en una misma fecha en 2001 es una gracia. Y la Iglesia Cat�lica espera que los cristianos encuentren la forma de seguir celebr�ndola as� todos los a�os. Ojal� sepamos nosotros, sus disc�pulos, aprovechar esta oportunidad de contemplar juntos este a�o la Resurrecci�n del Redentor para solicitar de �l su perd�n y su clemencia por nuestra separaci�n, y para implorar su ayuda para la adopci�n de medidas que nos conduzcan a la unidad por la que oramos (V�ase Jn 17:21).
El don de un calendario com�n: vital para la misi�n y el testimonio en una sociedad secular
Metropolitano Ambrosio de Oulu, Iglesia Ortodoxa de Finlandia
Es un gran don que Dios nos hace a todos los miembros de las distintas tradiciones cristianas de darnos la posibilidad de celebrar juntos la fiesta de la Resurrecci�n de Nuestro Se�or al principio del tercer milenio cristiano.
En mi propio pa�s, los ortodoxos y los luteranos han experimentado, ya desde los primeros a�os veinte, el poder de la Resurrecci�n en la fecha com�n de Pascua. Porque ya entonces, el Patriarcado Ecum�nico de Constantinopla nos concedi� a los ortodoxos finlandeses licencia temporal para seguir el calendario gregoriano.
Esta ha sido una gran bendici�n para nuestra peque�a iglesia, minoritaria en un pa�s protestante. As� hemos podido dar testimonio com�n del misterio de la Resurrecci�n. Y eso nos hace m�s fuertes. Y nos permite compartir la profunda riqueza de las aportaciones teol�gicas y espirituales, tanto orientales como occidentales, sobre la Pascua al conjunto de nuestra herencia religiosa nacional.
La celebraci�n lit�rgica ortodoxa de los maitines y el culto de la Pascua, que se inicia a medianoche, es retransmitida por la Radio y la Televisi�n nacionales y, de hecho, constituye el programa religioso m�s popular del a�o en Finlandia.
Tambi�n se habla mucho de nuestra celebraci�n en otros medios de informaci�n. Diversos peri�dicos nacionales publican relatos y entrevistas con ortodoxos conocidos en el �mbito cultural nacional, y reportajes sobre la forma en que ellos celebran la Pascua y sobre su significado. Incluso se da amplia difusi�n a las recetas que para la preparaci�n de comidas especiales de Pascua siguen las amas de casa ortodoxas.
Estos son s�lo peque�os ejemplos de las formas en que la minor�a ortodoxa, el 1 por ciento de la poblaci�n, ha podido aportar una contribuci�n positiva a la cultura religiosa nacional de Finlandia.
Quiz� m�s profundamente que nunca en nuestra parte del mundo, nosotros, juntos, hemos llegado tambi�n a comprender c�mo las dos fiestas de Viernes Santo y Pascua, el poder de la cruz salvadora y vivificadora, por una parte, y la gloriosa resurrecci�n de Cristo, por otra, son inseparables. El himno ortodoxo cantado en las v�speras del Viernes Santo evoca el sufrimiento y la muerte y, al mismo tiempo, irradia la luz de la resurrecci�n: "Ensalzamos tus sufrimientos, oh Cristo..., mu�stranos tambi�n tu gloriosa resurrecci�n".
En mi pa�s nos alegra saber que en el Movimiento Ecum�nico se est�n haciendo actualmente intensos esfuerzos, acompa�ados de oraciones, para el establecimiento de un calendario com�n. Tambi�n estamos al tanto de las tensiones entre ortodoxos que provoca esta cuesti�n.
Sobre la base de nuestra experiencia en Finlandia nosotros vemos el don de un calendario com�n como algo esencial para nuestra misi�n y nuestro testimonio en la sociedad secular. Y, particularmente como cultura minoritaria, los ortodoxos no podemos permitirnos el convertirnos en un gueto religioso. Tenemos que desempe�ar nuestro papel y seguir nuestra vocaci�n en el seno de nuestra com�n vida nacional.
El calendario com�n de todos los cristianos es parte esencial de nuestra vida de todos los d�as y a lo largo de todo el a�o eclesi�stico. Todos los ni�os, cualesquiera que sean su fe, o su denominaci�n religiosa, van a las mismas escuelas. Y las principales fiestas cristianas son fiestas para todos los finlandeses. El valor especial de nuestro "calendario finland�s" se aprecia en particular en la vida de las familias, ya que la mayor�a de los ortodoxos viven en matrimonios mixtos.
Es un don del Esp�ritu que ahora podamos nosotros cantar, junto a nuestras hermanas y nuestros hermanos luteranos el m�s tradicional de los himnos ortodoxos orientales de resurrecci�n, que recientemente ha sido incorporado al himnario luterano finland�s: "Cristo ha resucitado de entre los muertos, con su muerte ha vencido a la muerte, y nos libera del sepulcro para darnos la vida".
Para m�s informaci�n, s�rvanse consultar el sitio
http://wcc-coe.org/wcc/what/faith/easter.html
o p�nganse en contacto con:
Karin Achtelstetter, encargada de Relaciones con los Medios de Informaci�n
Tel: (+41.22) 791.61.53 Celular: (+41) 79.284.52.12
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El Consejo Mundial de Iglesias (CMI) es una comunidad de 342 iglesias, procedentes de m�s de 100 pa�ses de todos los continentes y de la mayor parte de las tradiciones cristianas. La Iglesia Cat�lica Romana no es una iglesia miembro pero mantiene relaciones de cooperaci�n con el CMI. El �rgano rector supremo es la Asamblea, que se re�ne aproximadamente cada siete a�os. El CMI se constituy� oficialmente en 1948 en Amsterdam (Pa�ses Bajos). Al frente del personal del CMI est� su Secretario General, Konrad Raiser, de la Iglesia Evang�lica de Alemania.
Consejo Mundial de Iglesias
Oficina de Relaciones con los Medios de Informaci�n
Tel: (41 22) 791 6153 / 791 6421
Fax: (41 22) 798 1346
Correo electr�nico: [email protected]
Web: www.wcc-coe.org
Apartado 2100
1211 Ginebra 2, Suiza
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